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De la bata blanca a la página en blanco

De la bata blanca a la página en blanco

Estudié medicina porque quería ayudar a las personas de una forma concreta, medible, con las manos. Con los años eso no cambió, pero sí se amplió. Dirigir hospitales, auditar procesos clínicos, gestionar equipos — todo eso también es cuidar, aunque no siempre se sienta tan inmediato como una consulta. Aunque nunca he dejado la atención directa a pacientes.

Lo que no esperaba era que, en algún punto, la gestión y la clínica no me alcanzaran para decir todo lo que tenía que decir. La medicina me enseñó a mirar de cerca: un cuerpo, un expediente, una sala de espera llena de gente esperando algo que todavía no tiene nombre. Escribir fue, con el tiempo, la manera de no quedarme solo con lo que veía.

Un oficio distinto, la misma mirada

No escribo como médico que escribe de vez en cuando. Escribo con la misma disciplina con la que reviso un caso clínico: prestando atención al detalle, desconfiando de la primera versión, revisando hasta que el texto diga exactamente lo que quiero decir y no una aproximación cómoda.

Esa mirada clínica termina en libros que no siempre hablan de medicina. A veces hablan de esperar, del carácter, de lo que no se dice — como en TEMPUS y TACITUS, los dos primeros libros que estoy publicando. Pero siempre hay, debajo, la misma costumbre de observar antes de escribir.

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