Cuando alguien me pregunta por qué escribo, la respuesta honesta es que nunca lo decidí del todo. No hubo un día en que dejé la medicina para dedicarme a las letras, ni un plan de convertirme en autor. Lo que hay es una costumbre más vieja: la de anotar lo que veo, lo que aprendo, lo que no termino de entender, hasta que la única forma de entenderlo de verdad es escribiendolo.
Soy médico. Y desde antes de ser médico, alguien que dibuja y pinta. Soy padre, soy esposo, soy hijo, soy católico, soy amigo. Ninguno de esos lugares se queda callado cuando escribo — todos terminan apareciendo, aunque el libro hable de otra cosa.
Lo que se guarda se pierde
Hay una frase que repito seguido, su autor es Antonio Machado:
En cuestiones de cultura y de saber, solo se gana lo que se comparte y se pierde lo que se guarda.
La escuché hace años de un profesor y se me quedó. Creo que resume muy bien mi principal motivación para escribir.
No escribo para ser escritor. Escribo porque hay cosas que aprendo en la consulta, en el taller, en la mesa de la casa, y que no sé quedarme sin contar. Este blog, y los libros que vienen con él, son eso: lo que he aprendido, ofrecido de la única forma que sé hacerlo bien — por escrito.
